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  • Ana Philibert

Intersticios

Actualizado: jul 15

Intersticio: Pequeño espacio o distancia entre dos cuerpos o lugares.

Intervalo de tiempo. Fragmento en el espacio.



Cuando viajas, aunque sepas el destino, nunca sabes lo que realmente te espera del otro lado. Como si al volar cruzaras de una realidad a otra. Como si hubiera una pausa entre la vida que dejas y la vida que te espera al aterrizar; entre la persona que eres y en la que estás por convertirte.


Me gustan los aeropuertos, me gusta quien soy en ellos. Disfruto las horas largas de escala y estar rodeada de personas que empiezan o terminan historias. Me emociona saberme en transición, como si presintiera que estoy por vivir algo grande.

Ya extrañaba escuchar idiomas que no entiendo y ver personas de todo el mundo. Después de varios años y muchos intentos de este viaje estoy aquí, a unas horas de subirme a ese avión que por fin me llevará a Indonesia, sin boleto de regreso.



Me siento en un cafecito y escribo. Me encanta la sensación que da el espacio entre una realidad y otra, un instante en donde el tiempo pareciera detenerse. La sala de espera a una nueva vida y un boleto que parece ser solo un papel pero que contiene todas las posibilidades. La incertidumbre que abre la puerta a nuevas historias por escribir, nuevas personas que serán parte de mi vida y nuevos pedacitos de mí que todavía no conozco.


Escribo por un rato y de pronto llega a mi mente una palabra: “intersticios”. Escuché este término por primera vez en una clase en la universidad. Noemí nos compartió un fragmento de algo que había escrito y recuerdo que al leerlo me llamó mucho la atención, tanto aparentemente, que años después aún lo recuerdo. Decido buscarla para volver a leer sus palabras y ver cómo su experiencia se entrelaza con la mía.


“Los aeropuertos suelen ser uno de los espacios más emocionantes. La puerta de salida a lugares lejanos y desconocidos. Me recuerdo pequeña, en grandes pasillos llenos de gente, muy emocionada y preparándome para una nueva vida temporal. Los intersticios largos, especialmente en lugares desconocidos, casi siempre forman parte especial de mis memorias”.

Al leerlo de nuevo, descubro tanta similitud en nuestras ideas y sensaciones. Años después de haber leído ese texto por primera vez, estos intersticios se han vuelto parte de mi vida y siempre me invitan a pausar, a mirar hacia adentro.


Esta vez tengo 17 horas de escala, otras muchas de vuelo y una cuarentena de cinco días antes de llegar a mi destino, así que tengo tiempo de sobra para pensar. Pienso en las transiciones, en las pausas y sobre todo en una frase que escuché hace poco: “a veces parece que estás esperando a que tu vida empiece”. ¿Será que he estado en una especie de “sala de espera” estos años, esperando que llegue este momento para sentir que estoy viviendo la vida que quiero? Qué increíble es tener sueños y poder cumplirlos, pero que “peligroso” puede ser usarlos de pretexto para esperar a que la "vida comience” hasta que los hayamos alcanzado.



Siguieron llegando las preguntas. ¿Cuántas “salas de espera” metafóricas hay a lo largo de nuestras vidas?, ¿y cuántas veces alargamos nuestra estancia en estas “salas” por miedo o por comodidad? ¿Cuántos momentos nos perdemos por esperar siguiente gran momento, esperando a que el libro llegue a la parte buena o la canción al coro? Lo que a veces se nos olvida es que la parte buena está en el conjunto, incluso en los silencios. En esos espacios entre un lugar y otro, entre un instante y otro, entre un encuentro y otro. Momentos que suelen pasar por desapercibidos pero que son parte de nosotros, parte de la vida misma. Como dice una frase que me gusta mucho del artículo de Noemí.


“La vida se concentra en los huequitos, en las ranuras que hay en un empedrado... La vida se manifiesta en lo inesperado, en el medio y no en el fin”

Siempre he sido de las que piensa que la vida se construye de los grandes momentos, de las experiencias extraordinarias y de las personas que nos cambian la vida. Siendo una persona que colecciona experiencias, me doy cuenta que vivo constantemente en busca de momentos que me hagan sentir “viva”, que me emocionen, que me enseñen, que me cambien. Pero también he aprendido que la vida se construye de estos pequeños huequitos en los que parece no estar pasando nada “extraordinario”. De momentos en transición, cuando dejamos algo para empezar de nuevo, y en los que no somos totalmente lo que éramos ni somos todavía lo que seremos.



Así que estoy aprendiendo a vivir esos espacios con más conciencia, como parte del flujo de la vida y una gran oportunidad para estar presente. Sigo en busca de grandes experiencias, pero sabiendo que mi vida no “empieza” al tenerlas y que los espacios entre ellas, esos pequeños intersticios, son parte de la riqueza de la experiencia humana completa.


En el vuelo entre Estambul e Indonesia, mientras todos dormían y parecía no pasar nada, decidí abrir la ventana. Las fotos que acompañan este artículo son testigo de todo lo que puede regalarte un fragmento en el espacio, si pones atención.

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